Una solución sucia para limpiar la atmósfera

Por Stephen Wood

Capturar carbono en el suelo es como ahorra dinero en una cuenta bancaria —simple en la teoría, pero todo un desafío en la práctica.

El carbono se deposita en el suelo en unos pocos pasos. Primero, las plantas convierten el dióxido de carbono en tipos de carbono que se utiliza para crear células. El carbono de la planta termina luego en el suelo cuando muere o libera carbono a través de sus raíces. Los microbios del suelo —bacterias y hongos— convierten este carbono en formas que pueden ser almacenadas por partículas del suelo “como imanes” que pueden ligar ciertas formas de carbono durante décadas y hasta milenios.

Sin embargo los microbios también realizan retiros cuando utilizan el carbono para energía, respirando algo de él a la atmósfera y devolviendo algo a la bóveda cuando sus células mueren. Dado que la cantidad de carbono almacenado en el suelo es un balance entre depósitos y retiros, el aumento de carbono en el suelo requiere tanto que se agregue en el suelo como que se reduzca su pérdida a la atmósfera.

La ecuación del carbono en el suelo
Para limitar el calentamiento global a 2 grados Celsius, necesitaremos limitar las emisiones a no más de 565 mil millones de toneladas métricas (giga tonelada) de dióxido de carbono. Debido a que el dióxido de carbono no es todo carbono, eso equivale a alrededor de 100 giga toneladas de carbono. Los suelos actualmente contienen 15 veces esa cantidad de carbono. Y ese carbono puede ser fácilmente perdido, lo que significa que los suelos pueden fácilmente empeorar el problema del cambio climático.

Hasta la mitad del carbono en el suelo puede perderse cuando los humanos transforman ecosistemas —de, por ejemplo, bosques a tierras para la agricultura. Como los suelos contienen actualmente dos veces más carbono que la atmosfera, la trasformación extensiva de los ecosistemas puede llevar a aumentos drásticos en la cantidad de dióxido de carbono. Mantener el carbono en el suelo debajo de la tierra mediante el detenimiento en la transformación de la tierra es la manera potencialmente más importante de utilizar los suelos para evitar el cambio climático.

Además de evitar pérdidas, los suelos pueden generar —o secuestrar— más carbono. Sin embargo, la analogía con la cuenta bancaria no es perfecta, ya que si agrega a su cuenta sin gastar, entonces continúa generando activos. En cambio, los suelos pueden almacenar una cierta cantidad de carbono, que es limitada por las propiedades físicas del suelo, tales como la cantidad y tipo de minerales arcillosos presentes.

Como un vaso con agua
Las arcillas tienen una gran capacidad para acumular carbono —mientras más arcilloso más carbono puede almacenar. En este sentido, la capacidad del suelo de secuestrar carbono se asemeja más a un vaso con agua: puedes agregar tanta agua como quieras, pero solo puedes almacenar el volumen de agua correspondiente al tamaño físico del vaso.

Los suelos también difieren en su potencial de secuestro porque algunos vasos están más vacíos que otros. Los suelos con bajos niveles de carbono tienen más para ganar que aquellos que están más cerca del límite de su capacidad de contención física. Por esta razón, la restauración de tierras degradadas, que han perdido grandes cantidades de carbono, debiera ser prioridad para acumular carbono. Además de secuestrar carbono de la atmósfera, acumular carbono en los suelos en las tierras degradadas puede ayudar a restaurar la fertilidad de estos suelos. El carbono en los suelos ayuda a crear una estructura física saludable para que crezcan las plantas.
La cantidad de carbono que puede ser acumulada en los suelos depende de lo que estemos dispuestos a hacer con nuestra tierra.

Se podrían restaurar todas las tierras agrícolas para convertirlos en su ecosistema nativo y, ayudar así a acumular todo el carbono que se perdió debido a la transformación anterior. Sin embargo, se trata de un escenario irrealista, ya que se necesita mantener las tierras trabajando para obtener alimento, ingresos y otros beneficios que la gente obtiene del manejo de la tierra.

Los agricultores pueden, de todos modos, implementar prácticas agronómicas, como cubrir la cosecha, o rotarla, que mejoren la salud del suelo. Manejando el suelo correctamente, podemos evitar la pérdida de más carbono a la atmósfera e, incluso, acumular carbono en el suelo. Sin embargo, los suelos nunca serán capaces de almacenar todo el exceso de carbono en la atmósfera. Como un vaso con agua, los suelos solo pueden contener tanto carbono como sus límites físicos lo permitan. Mediante la quema de combustibles fósiles desde lo profundo de la Tierra hemos aumentado dramáticamente la cantidad de carbono que necesita ser retenido. Ese carbono continuará liberándose a la atmósfera, más rápido de lo que podamos limpiarlo, hasta que cerremos el grifo.

Stephen Wood es NatureNet Science Fellow en la Universidad de Yale y en TNC. Estudia los suelos en las zonas de TNC de América del Norte y África para determinar cuánto carbono en el suelo TNC se puede acumular en sus tierras trabajadas.