Veredicto: Se puede cultivar comida saludable y, a la vez, conservar la naturaleza.

Por Cara Byington

De hecho, según el autor principal, Daniel Karp, “nuestra ciencia demuestra que los campos que han removido la mayor extensión de hábitat en realidad presentaron más casos de agentes patógenos, incluidos el E. coli y la Salmonella. Por lo tanto, los resultados muestran que la remoción de hábitat cerca de los campos de cultivo no mitiga el riesgo patogénico y no hay razón por la que se debe continuar haciéndolo.”
 

¿Por qué importan los resultados?


Para comprender el significado de este descubrimiento sobre seguridad alimentaria y conservación, debemos volver al 2006, cuando un notable brote de E. coli mató a tres personas y enfermó a cientos en los Estados Unidos.

Aunque la espinaca orgánica cultivada en un campo de la costa central de California fue identificada como la fuente del brote —la región donde aproximadamente el 70% de los vegetales para ensaladas son cultivados —nadie pudo explicar cómo se infectó la espinaca en primer lugar.

Al final, la vida salvaje cerca de los campos tuvo parte de la culpa.

“El brote fue una real tragedia, y se requirió desesperadamente una rápida acción. Se asumió que debido a que los animales salvajes pueden trasportar agentes patógenos, remover su hábitat los mantendría alejados —mientras más lejos mejor— y reduciría el riesgo para los consumidores,” explicó la científica de TNC, Sasha Gennet.

Como resultado, los granjeros comenzaron a cercar sus campos y remover el hábitat para cumplir con nuevas reglas y presiones de la industria. Los compradores en cantidades grandes también comenzaron a crear sus propias normas de cultivo y a imponerlas enviando auditores a los campos.

Finalmente, las prácticas de cultivo cambiaron rápidamente en la Costa central y la naturaleza pagó un alto precio. En 2013, Gennet y otros científicos de TNC publicaron un trabajo en Frontiers in Ecology and the Environment que reflejó que el 13% del hábitat ribereño restante a lo largo del Río Salinas quedó degradado o destruido tras el brote de E. Coli en 2006.

Dado que el 90 por ciento del hábitat a lo largo del río ya había sido convertido en campos para el cultivo, este hecho constituyó grandes pérdidas.

“Desafortunadamente,” dijo Karp, “aunque todas las nuevas normas pretendían proteger a los campos de la contaminación, no existía ciencia que demostrara que cercando los campos y desmantelando el hábitat realmente se obtenía alimentos más seguros. La gente simplemente suponía.”

Y, como resultó ser, estaban suponiendo mal.


Aplicar la Ciencia de la Conservación para mejorar la seguridad alimentaria


Como parte de la beca NatureNet Science Fellowship, Karp, en colaboración con los científicos de TNC en California y UC se propusieron estudiar el efecto del hábitat en los campos adyacentes.

“TNC ha estado trabajando en esta parte de California por casi 60 años, y pudo observar que algunas de las nuevas prácticas de seguridad alimentaria estaban dañando algunos de los más sensibles y raros recursos naturales en el estado,” explicó Gennet. “El trabajo con un colega de NatureNet Science, que se concentró en este Proyecto durante dos años, fue lo que se necesitó para llevar a cabo el Proyecto que ahora está impartiendo soluciones.”

Los investigadores analizaron aproximadamente 250.000 pruebas de productos, agua de irrigación y roedores tomadas por la industria y por académicos en 295 campos en los EE. UU., México y Chile entre 2007 y 2013. Las pruebas estaban focalizadas en E. Coli, Salmonela y cepas comunes de E. Coli patogénicas. Los investigadores combinaros sus conclusiones con mapas detallados del uso de la tierra para identificar los paisajes particulares que rodean los campos agrícolas.

Esta ciencia importa porque la Costa Central de California es el corazón de la producción de la mayoría de los productos consumidos en los Estados Unidos —y también porque la región es importante mundialmente para la biodiversidad.

Lo que ocurre allí –desde la investigación hasta mejores rendimientos agrícolas hasta el desarrollo de regulaciones para dirigir la seguridad alimentaria– pueden y tienen efectos de largo alcance en los campos y las prácticas agrícolas en los EE. UU. y en el mundo.

Es importante comprender cómo los requerimientos y estándares dictados por los gobiernos federales, estatales o locales, y los compradores corporativos definen nuestros mercados, nuestros campos y su lugar en el medioambiente.


Los campos de cultivos no deberían ser espacios abiertos esterilizados


En 2011, en parte como respuesta a los brotes de enfermedades relacionadas con los alimentos con el foco identificado en el producto, como la espinaca, el gobierno federal aprobó la Ley de Modernización en Seguridad Alimentaria (FSMA, según sus siglas en inglés) — la más profunda revisión a las normas de seguridad alimentaria en más de 50 años.

Desde entonces, la Administración de Alimentos y Drogas se ha comprometido en la creación de leyes, inclusive una nueva regulación sobre la producción que codifica estándares para productos frescos que altera el modo en que las frutas y los vegetales son cultivados a lo largo de 4,5 acres de las tierras de cultivo en los EE. UU:

“Nuestro estudio demuestra que los campos pueden ser administrados en forma conjunta para la seguridad alimentaria y la conservación,” expresa Karp. “No debemos convertir 5 millones de acres de campos agrícolas en espacios abiertos esterilizados. De hecho, hemos observado que intentar hacerlo podría fracasar –los productores que removieron mayor extensión de vegetación experimentaron el incremento más alto de E. coli y Salmonela patogénicas en sus vegetales a lo largo del tiempo.”

Los autores del estudio también notaron que la presencia de hábitats diversos bordeando los cultivos de alimentos puede, en realidad, proporcionar un número de beneficios agrícolas, estimulando por ejemplo a los polinizadores salvajes, como las abejas y mariposas, que son importantes para los cultivos de alimentos por polinización. Las plantas, los árboles y otra vegetación ente los campos de cultivo y tierras de pastoreo pueden ayudar también a filtrar agentes patógenos.
 

El uso de la naturaleza para mejorar la seguridad alimentaria.


Realizar cultivos de productos que luego por lo general se cocinan, como el maíz o las alcachofas entre campos de productos frescos y tierras para pastoreo también mejoraría la seguridad alimentaria.

Además de recomendarles a los productores que no desbrocen el hábitat alrededor de sus campos, el estudio también ofrece soluciones ya demostradas que mejoran la seguridad alimentaria.

Los productores agrícolas pueden dejar zonas de vegetación entre las áreas pastadas y las áreas de cultivos frescos para prevenir la contaminación del ganado y la vida salvaje que utilicen los campos. Cercar las vías navegables río arriba al Ganado puede evitar que los deshechos se distribuyan río abajo. Y sembrar cultivos que por lo general se cocinan, como el maíz y las alcachofas, entre los campos de cultivos frescos y las tierras de pastoreo también puede mejorar la seguridad alimentaria.

Entre los coautores del estudio se encuentran Sasha Gennet, científica senior de TNC; Christopher Kilonzo, Melissa Partyka y Edward Atwill de UC Davis; Nicolas Chaumont de la Universidad de Stanford; y Claire Kremen de la Universidad de California, Berkeley.
 

Sobre la Beca de Ciencias NatureNet de TNC


Nuestro mundo enfrenta demandas de alimentos, agua y energía sin precedentes —y cumplir con estas demandas sin exacerbar el cambio climático y degradar los sistemas naturales es un desafío de nuestra generación. Por esta razón, TNC ha establecido un Programa de Becas de Ciencias para crear un reservorio de talentos científicos interdisciplinarios que puedan llevar a cabo el nuevo trabajo de conservación, desde los bosques y desagües pluviales hasta laboratorios de nanotecnología, campos de cultivos, arrecifes de corales y todo lo que hay entre ellos.

Este artículo fue originalmente publicado en inglés, en http://bit.ly/1qt4alZ