Tendencias mundiales de la agricultura: ¿estamos realmente utilizando menos tierra?

Por Jon Fisher, científico dedicado al análisis espacial.

Es difícil tener una mirada optimista hacia el futuro cuando consideramos que, para el año 2050, necesitaremos un 70% más de alimentos (si asumimos que no haremos grandes progresos en la reducción de residuos, la desaceleración del crecimiento demográfico, o la disminución en el consumo de productos animales, FAO 2011). Si no mejoramos la producción, ese aumento del 70% de alimentos requerirá crear más de 34.000.000 km2 de tierras agrícolas, un área más extensa que todo el continente de África (FAO 2014).

De aquí mi sorpresa cuando encontré lo que parecen ser buenas noticias dentro de la información mundial de 2014 publicada por la Organización para la Agricultura y la Alimentación de las Naciones Unidas, mientras investigaba para un capítulo de un próximo libro “Resiliencia Agrícola: Perspectivas desde la ecología y desde la economía” (Título original: Agricultural Resilience: perspectives from ecology and economics – Cambridge University Press).

Descubrí que, mientras que el suministro mundial de alimento por persona ha aumentado en los últimos 15 años, hemos reducido, simultáneamente, la extensión total de tierra que se utiliza para producirlo.

Aquí están las razones por las que mi descubrimiento puede leerse como buenas noticias:

♦ A diferencia de lo que sucedía algunas décadas atrás, la agricultura es la razón por la que hay una menor pérdida en el hábitat terrestre. Por ejemplo, en el este de los Estados Unidos, significativamente más tierras agrícolas se están convirtiendo en bosques que a la inversa (Loveland y Acevedo 2006.)


♦ La intensificación total de la agricultura —que produce más cultivos en la misma o incluso menor área— continúa. Y la intensificación puede ser, a veces, un proceso sostenible desde el punto de vista medioambiental, al reducir tanto el uso intensivo de recursos (por ejemplo, fertilizantes, pesticidas, agua dulce) como la producción negativa (por ejemplo, la contaminación de las aguas y la pérdida de suelo).

Asimismo, implica que la mirada extendida entre muchos ambientalistas que asumen que la agricultura está consumiendo el hábitat cada vez más y a un ritmo mayor cada año sencillamente no es correcta.

Sin embargo, no todo es color de rosas, y aún queda mucho trabajo por hacer:

♦ No toda intensificación agrícola puede hacerse de manera sostenible, y es probable que mucha de la intensificación llevada a cabo hasta hoy y representada en la tendencia mundial no lo haya sido; los datos muestran que el área total de la “agricultura de conservación” ha oscilado ampliamente a lo largo de los últimos 15 años (FAO 2014). En líneas generales, la agricultura tiene un largo camino para convertirse realmente en sostenible.

♦ Los niveles de intensificación que han ocurrido hasta hoy no son suficientes para cumplir con la demanda de alimentos proyectada para el 2050, y en algunos lugares el rendimiento de los cultivos ha dejado de crecer (Ray y otros, 2013).

♦ La tendencia mundial enmascara las tendencias locales y regionales. Por lo tanto, mientras el área agrícola es pequeña en los Estados Unidos y Polonia, es extensa en la Argentina, Indonesia y Vietnam (ver mapa). Y la deforestación y otros tipos de desmonte son un serio problema que aún persiste.

♦ El cambio climático traerá nuevos desafíos para la agricultura, ya que se espera que las condiciones climáticas más extremas impacten negativamente en la productividad. (Lobell y otros, 2008). Afortunadamente, muchas prácticas agrícolas sostenibles pueden generar también una mayor resiliencia, lo que significa que se puede ayudar a contener la pérdida de productividad al mismo tiempo que se mejora el impacto medioambiental (Lal, 2006).

Esta es la razón por la que TNC ha enfatizado la intensificación sostenible de la agricultura donde quiera que sea posible. Si no podemos producir más alimentos en las tierras agrícolas ya existentes (al mismo tiempo que se reducen el impacto y los insumos ambientales), aún más hábitats será desbrozados en el futuro. Asimismo, necesitamos asegurar que las tierras agrícolas que obtienen grandes producciones con prácticas sostenibles sigan siendo cultivadas, en lugar de convertirlas en tierras para otros usos (que puede causar más pérdida de hábitat).

La sorprendente tendencia mundial

Los valores que figuran a continuación muestran la extensión de tierras utilizadas para la agricultura en todo el mundo (cultivos en hileras, ranchos, y cultivos permanentes como las huertas y los viñedos), y la cantidad de alimentos que se producen en términos de calorías por persona. Nótese que 1 kilocaloría (kcal) es equivalente a 1 Caloría como se establece en el etiquetado nutricional estadounidense, y que el eje y de los gráficos no comienza en 0 (para que sea más simple observar los pequeños cambios de los últimos años).

Mientras que la expansión agrícola se mantuvo relativamente estable en una escala mundial durante más de 30 años, en 1995 se observó la primera reducción registrada en la extensión del área agrícola. Alcanzó su máximo en 1998 y ha sido menor desde entonces. De hecho, hasta 2011 (desafortunadamente, es el último año del que se disponen datos de la FAO) continuó disminuyendo levemente a lo largo del tiempo.

Simultáneamente, se ha logrado producir mayor cantidad de alimento en menor extensión de tierra y se ha mantenido superior al crecimiento demográfico (aunque esto no significa que hemos solucionado la desigualdad en la distribución de los alimentos y en la nutrición).

Desde 1998 hasta 2009 (último año del que se disponen datos de la FAO sobre el suministro mundial de alimentos) se observó un aumento mundial del 4,4% en las calorías per cápita (de 2.713 kcal/cápita/día a 2.831) mientras que el área de tierras agrícolas cayó en un 0,8% (este número puede representar un cambio en el área muy pequeño para que estos datos puedan detectarlo fehacientemente; véase abajo la Sección de Aviso legal). Alrededor del 32% del aumento derivó de productos animales (principalmente, carne y leche), con un 27% adicional proveniente de aceites vegetales y 26% de frutas y verduras.

¿Qué nos oculta la Tendencia Mundial?

Por otra parte, no sabemos si esta intensificación fue realizada de manera sostenible o no. El aumento de la producción es, sobre todo, en aquellos alimentos con uso relativamente intensivo de recursos, en lugar de granos y legumbres más eficientes. Asimismo, estos datos no nos dicen nada sobre el impacto de estos cambios en la sanidad del suelo y la calidad del agua.

Más importante aún: el hecho de que el área agrícola mundial no haya crecido no significa que no se esté dando una conversión de hábitats naturales a tierras para la agricultura. En algunos países, como en los Estados Unidos, la conversión a tierras para la agricultura aún ocurre, pero ha sido superada por la conversión de tierras para la agricultura a tierras para otros fines (por ejemplo, para el desarrollo urbano). En otras palabras, las buenas noticias en la escala nacional no implican que no existan problemas en el ámbito local.

Esta salvedad es aún más relevante cuando se considera el patrón mundial. La reducción de las tierras agrícolas en la mayor parte del mundo (por ejemplo, Nueva Zelanda, Mongolia, y Polonia) esconde una expansión agrícola significativa en otras partes del mundo (como Vietnam, Indonesia, y Argentina), tal como se aprecia a continuación.

No debería sorprender dónde se está dando mayor expansión; seguramente has escuchado sobre el aceite de palma en Indonesia y la soja en América del Sur. Asimismo, a medida que las normas ambientales se vuelven más estrictas en las naciones más desarrolladas es posible que, a su vez, esto incentive que la agricultura se expanda en las naciones en vías de desarrollo con menores restricciones. Se debe realizar un trabajo más exhaustivo que asegure el foco en el aumento de la productividad en las tierras agrícolas ya existentes en lugar de seguir despejando nuevas tierras.

¿Por qué son tan importantes los esfuerzos por lograr una intensificación agrícola sostenible?

Como fue mencionado anteriormente, es fundamental que se continúe el trabajo en el aspecto “sostenible” de la “intensificación sostenible”. Mientras que el aumento en el rendimiento de los cultivos y la densidad del ganado es importante para reducir la presión por despejar más hábitat, TNC trabaja, en muchas partes del mundo, para lograrlo de modo que también se obtengan mejores resultados medioambientales en términos de sanidad del suelo, uso y calidad del agua. Incluso sin la necesidad de aumentar el rendimiento, la agricultura tiene un largo camino que recorrer antes de que podamos llamarla sostenible, ya que la escala de problemas, como la “zona muerta” en el Golfo de Méjico (en gran medida como resultado de la pérdida de nutrientes por escorrentía de los campos, Diaz y Rosenberg 2008), lo demuestra.

Puede parecer un objetivo muy alto, pero es posible: una revisión de 198 proyectos sobre agricultura sostenible en el mundo en vías de desarrollo informó un aumento en la producción relativa promedio del 79%, y, a su vez, una reducción en el uso de pesticidas y una mayor eficiencia en el uso del agua (Pretty y otros, 2006).

¿Qué implica para el futuro? Numerosas personas nos han dado su visión sobre cómo alimentar al mundo de maneras sostenibles (El artículo de Jon Foley, “Feeding the World”, publicado en el National Geographic es un buen lugar para empezar), y se han suscitado grandes debates sobre estrategias que son realmente viables.

Los datos sostienen que somos capaces de aumentar el suministro de alimento sin una expansión neta de las tierras agrícolas, aunque no está claro aún cuánto de esa intensificación fue lograda de manera sostenible, y cuánto de ese aumento ayudó a combatir el hambre y la desnutrición (en oposición al impulso a la obesidad en el mundo desarrollado). Aún queda por ver si el aumento de la tierra agrícola en 2011 constituyó una respuesta tardía al salto en el precio de los alimentos de 2008 (lo que significa que veremos mayor expansión mientras los precios se mantengan relativamente altos), una anomalía, o el resultado de otros factores.

Aunque aún haya numerosos desafíos por solucionar y aunque la conversión de tierras para la agricultura constituya, aún, una gran amenaza, los datos muestran que estamos encontrando maneras de producir más en menos tierra: y eso es, al menos, un comienzo. Si mejoramos nuestras métricas de sostenibilidad agrícola, será cada vez más posible detectar cuán sostenible esta intensificación en realidad es.

¿Qué crees tú que significan estos datos?

Referencias bibliográficas:

Diaz, R. J., & Rosenberg, R. (2008). Spreading dead zones and consequences for marine ecosystems. Science, 321(5891), 926-929.

FAO (Food and Agriculture Organization). (2011). The state of the world’s land and water resources for food and agriculture. http://www.fao.org/docrep/015/i1688e/i1688e00.pdf. Viewed 1 May 2014.

FAO (Food and Agriculture Organization). (2014). FAOSTAT. http://faostat3.fao.org/faostat-gateway/go/to/download/E/EL/E. Viewed 1 May 2014.

Lal, R. (2006). Enhancing crop yields in the developing countries through restoration of the soil organic carbon pool in agricultural lands. Land Degradation & Development, 17(2), 197-209.

Lobell, D. B., Burke, M. B., Tebaldi, C., Mastrandrea, M. D., Falcon, W. P., & Naylor, R. L. (2008). Prioritizing climate change adaptation needs for food security in 2030. Science, 319(5863), 607-610.

Loveland, T. R., & Acevedo, W. (2006). Land cover change in the Eastern United States. Status and Trends in Eastern United States Land Cover. Pretty J, Noble AD, Bossio D, Dixon J, Hine RE, Penning de Vries FWT, and Morison JIL. (2006). Resource-Conserving Agriculture Increases Yields in Developing Countries. Environmental Science and Technology, 40(4), 1114-1119.

Ray, D. K., Mueller, N. D., West, P. C., & Foley, J. A. (2013). Yield trends are insufficient to double global crop production by 2050. PLoS One, 8(6), e66428.

Aviso legal:

Existen algunas preocupaciones potenciales sobre la información utilizada para este análisis. Cada país brinda sus datos a las Naciones Unidas y es posible que las metodologías para generar esa información en cada país varíen a lo largo del tiempo (especialmente cuando cambian los gobiernos). Al observar el porcentaje del área mundial dedicada a la agricultura, se puede notar que el cálculo de la FAO con respecto al área de tierra varía en alrededor de un 2%. Esto constituye un problema, ya que el área de tierra mundial debería ser relativamente estática (con cambios mínimos causados por un aumento en el nivel del mar, erosión costera y deposición, etc.). Por otro lado, algunos de los errores en la información de cada país puede representarse en el resumen global; y esta constituye los mejores datos disponibles. Por último, la idea de que necesitaremos 34 millones de km2 nuevos de tierras agrícolas es útil como un experimento reflexivo, pero de ninguna manera pretende ser una predicción exacta. Simplemente se ha multiplicado el área agrícola total actual por 0,7 para hacer la estimación, pese a que la conveniencia real de estas nuevas áreas convertidas para la agricultura puede variar ampliamente y a que muchos otros factores influenciarán en cuánta tierra se necesitaría. Algunos de los pastizales incluidos en ese valor podrían ser viables como hábitat de llanuras o praderas, tal como TNC maneja varias tierras para el pastoreo como una estrategia de manejo de la conservación.

Las opiniones expresadas en Cool Green Science y en los comentarios son responsabilidad exclusiva de los autores originales y no reflejan, necesariamente, aquellas de The Nature Conservancy.


Jon Fisher es un científico conservacionista para The Nature Conservancy. Ha estudiado silvicultura, biología ambiental, ecología de arroyos, ingeniería ambiental y cómo la tecnología y el análisis espacial pueden mejorar el manejo de la vida salvaje en los aeropuertos. En la actualidad, se dedica principalmente a la agricultura sostenible y al análisis espacial. También disfruta cocinar comida vegana, andar en bicicleta y buscar formas de incluir la ciencia en la vida cotidiana.
Originalmente publicada en nature.org