¿Cuántos árboles desayuné hoy?

Por Rebecca Benner, New York State Science Director, The Nature Conservancy.

Qué pensarías si la próxima vez que  fueras de compras y eligieras una caja de cereales leyeras “10 árboles, 30 tazas de agua, 8 abejas salvajes, Vitamina A, Vitamina B y Hierro” en la lista de ingredientes? En otras palabras, ¿qué pasaría si la lista de ingredientes incluyera los “ingredientes”  medioambientales que fueron necesarios para fabricar lo que compras? ¿Cambiaría tu compra? ¿Elegirías tu segundo cereal favorito si producirlo requiriera solo 5 árboles?  Desafortunadamente, por lo general no tenemos la opción de elegir basados en los impactos medioambientales. Tomamos decisiones diarias sobre qué comer, qué comprar y qué vestir sin casi conocimiento del rol que la naturaleza tuvo en la fabricación de nuestras elecciones.
 
Entonces, ¿a qué me refiero exactamente cuando digo que la lista de ingredientes del cereal que desayunas podría contener tres abejas salvajes y una pequeña porción de bosque? Comencemos con la carne. ¿Sabías que para producir tan solo 450 gramos de carne se requieren aproximadamente 6800 litros de agua? Eso es más de 230.000 vasos de agua de un tamaño promedio. Y, si una vaca promedio produce alrededor de 240 kilos de carne, significa que se requieren casi 3.800.000 litros de agua para producir la carne de una vaca – ¡suficiente agua para llenar una piscina olímpica y media! Si esa información estuviera en la etiqueta de la carne la próxima vez que fueras al mercado, ¿crees que optarías por el pollo (que utiliza cuatro veces menos agua por kilo de carne)?

Sin embargo, esto no se trata de comer menos carne – el modo en que se producen muchas  de  las frutas, vegetales y granos también afectan nuestro medioambiente. ¡El trigo, por ejemplo, representa el 12% del uso de agua global para la producción agrícola! Asimismo, los fertilizantes utilizados en la producción del trigo pueden causar grandes problemas de contaminación del agua, que  a su vez puede impactar de manera negativa en los árboles y en las abejas. Y aquí volvemos a lo fundamental del tema –los consumidores no tienen fácil acceso a esta información antes de tomar decisiones sobre qué comprar.

Soy lo suficientemente optimista como para pensar que, si calidad del producto y los precios fueran similares, la gente elegiría productos con menor impacto ambiental si tuvieran alguna medida de ese impacto. Una simple medida compuesta de los recursos que fueron al producto (a saber, agua, árboles), así como también de los recursos naturales dañados (a saber, contaminación del agua, del aire, emisión de carbono, destrucción de hábitat) en la producción de una gran variedad de productos consumibles (no simplemente comida), le permitiría a la gente tomar mejores decisiones todos los días. No se trata de sentir culpa, se trata de tomar decisiones con información. Este tipo de decisión con conocimiento es esencial para que la conservación tenga éxito.

Entonces, ¿qué está deteniendo el desarrollo de una herramienta, o aplicación que le aporte esta información a los consumidores? Algunas cuestiones clave:

1. Es muy difícil de realizar. Requiere realizar mucha investigación científica, mucha ciencia, muchas hipótesis/estimaciones dentro de esa ciencia.

2. Alguien debe financiar esa ciencia.

3. El requerimiento de esa etiqueta implicaría un difícil, si no imposible, proceso político.

Aunque se escuchan esfuerzos como estos, necesitan mayor financiación y publicidad.

fortunadamente, el consumidor no necesita esperar a que todo esto suceda para hacer la diferencia. Puede comenzar ya mismo por:

1. Educarse a sí mismo lo mejor posible sobre lo que realmente va a los productos que consumimos, mirando películas como “Food, Inc.” o leyendo libros como “Food Rules”, o investigando sitios web como Environmental Impact o probando la calculadora de carbono de The Nature Conservancy’s carbon calculator (en inglés).

2. Estar atento y ser consciente. Compra lo que necesitas y reconoce el impacto que cada producto tiene en el medioambiente.

3. Apoyar la transparencia. Compra de proveedores locales, cuyas cadenas de abastecimiento son conocidas.

No podemos considerar cada aspecto de cada cosa que comemos o compramos. Eso sería abrumador y extenuante. Pero si podemos considerar el impacto medioambiental de las cosas que nosotros vestimos, comemos y usamos, estaremos haciendo lo mejor que podemos por el medioambiente y por nosotros mismos.

Artículo publicado por TNC originalmente en inglés en http://www.treehugger.com/sustainable-agriculture/i-ate-how-many-trees-breakfast.html