¿Le gusta comer?

Entonces debería preocuparse por la biodiversidad…y por el escarabajo estercolero.

Si bien puede parecer exagerado, el cambio climático es en realidad el segundo problema ambiental más urgente que enfrenta la humanidad. Porque siempre y cuando tomemos las medidas necesarias, el clima puede ser reparado. Podrá llevar generaciones lograrlo, pero es posible hacerlo, y sigue siendo de vital importancia que hagamos todo lo necesario para que así suceda. 

Una cuestión más apremiante es la disminución de la biodiversidad. ¿Por qué? Porque una vez que una especie se extingue, entonces se acabó el juego. No hay vuelta atrás. Y aunque la mayoría de la gente entiende que estamos perdiendo tigres, rinocerontes y elefantes en el mundo, está ocurriendo algo igualmente inquietante:  la pérdida de millones de especies de plantas, animales y microorganismos que hacen que la Tierra sea un lugar habitable para nosotros los humanos. La extinción de especies ocurre casi a diario.

Los científicos alertan que estamos experimentando una aniquilación biológica a la par con el meteorito que destruyó a los dinosaurios. Esta pérdida de biodiversidad acelerada está disminuyendo los "servicios ecosistémicos" que proporciona la naturaleza, muchos de los cuales nos permiten cultivar alimentos y, además, ayudan a mitigar las emisiones para frenar el cambio climático.

Por citar un ejemplo, veamos una familia de especies que probablemente nunca supimos que necesitábamos: la del escarabajo estercolero. Cuando se trata de cultivar alimentos, los escarabajos estercoleros se encuentran entre los insectos más importantes del Neotrópico, áreas que comparten un gran número de grupos de plantas y animales dispersos del sur de Florida y Texas, a través del Caribe, México, Centroamérica y en la mayor parte de Sudamérica.

Estos pequeños insectos son los trabajadores de saneamiento del reino animal, siempre hasta los codos en heces. Sin embargo, lo que hacen por el planeta es tremendamente importante. En los pastizales ganaderos, se sabe que entierran más del 80 por ciento de las boñigas de estiércol. Al mismo tiempo, aflojan y nutren el suelo, mejoran su capacidad de retener agua, evitan que las plantas bajo las plastas vacunas mueran y mantienen baja la población de moscas; todo esto mantiene saludables y en crecimiento a los pastizales y al ganado. También reducen la contaminación del aire: los investigadores descubrieron que algunos escarabajos del estiércol reducen el metano emitido por las plastas de vaca en un 40 por ciento.

Los científicos están encontrando que muchas especies de escarabajos estercoleros están en peligro de extinción. En los pastizales colombianos, están disminuyendo sus actividades de enriquecimiento del suelo porque, como la cubierta arbórea ha desaparecido, deben evitar deshidratarse bajo el sol implacable. 

A medida que su población disminuye, el estiércol se mantiene encima del suelo y se endurece, el pasto se convierte en un desastre estéril, maloliente, que emite Gases de Efecto Invernadero (GEI) y que está infestado de moscas. Así, la salud del suelo decae, al igual que el valor productivo de las tierras de cultivo, lo que provoca que los ganaderos quieran convertir más bosques en pastizales, disminuyendo así aún más la biodiversidad que mantiene su tierra productiva y aumentando sus emisiones de GEI agrícolas. ¿Ve un patrón aquí?

Nuestro pequeño amigo, el escarabajo estercolero, podría ser el protagonista del vínculo vital entre la biodiversidad y la agricultura, y particularmente, el colapso acelerado de un sistema finamente perfeccionado – con millones de partes – que han tardado millones de años en convertirse en lo que es hoy.

Pero hay otra perspectiva ante el desafío inmenso y crítico de transformar la marea en contra de la pérdida de biodiversidad.  La agricultura puede, y debe, ser la vanguardia de una solución.


Sistemas agricolas saludables
Mediante la implementación de sistemas agrícolas saludables en Colombia, The Nature Conservancy y sus aliados están demostrando que la biodiversidad puede aumentar la productividad del ecosistema y su crecimiento a largo plazo. ©Andres Zuluaga


Latinoamérica, hogar de seis de los 10 países con mayor biodiversidad del planeta, está en el quid de esta cuestión dada su posición como un foco de biodiversidad y como el hogar de más de una cuarta parte de las tierras de cultivo con potencial medio a alto del mundo. En consecuencia, la región tiene la gran responsabilidad de liderar el camino para demostrar que la productividad agrícola en realidad prospera cuando se maneja de la mano con la conservación del delicado equilibrio ecológico que es crítico para el futuro de nuestro planeta.

La buena noticia es que la experiencia demuestra que esto puede lograrse y que existe la posibilidad de hacerlo a gran escala. Al utilizar un abordaje de Sistemas Agrícolas Saludables (HAS – por sus siglas en inglés) que se enfoca en aumentar la productividad mientras se preservan los activos de la naturaleza – el agua, el suelo y la rica biodiversidad que hace posible la productividad, The Nature Conservancy (TNC) y sus aliados están incrementando y replicando proyectos que evidencian irrefutablemente cómo los cambios en las prácticas agrícolas tienen un gran impacto en la biodiversidad. No solo estamos frenando su declive sino restaurando las poblaciones de especies, incluso dentro y alrededor de áreas agrícolas productivas.

En Colombia, por ejemplo, en un período de solo seis años se han obtenido resultados sorprendentes. El número de especies de aves aumentó de 140 a 193 y, también, se incrementó la cantidad de moluscos terrestres, hormigas, mariposas y otros animales. El uso de herbicidas casi se redujo a la mitad, mientras que la producción de leche aumentó en un quinto y la producción de carne aumentó en un 80 por ciento. Las autoridades colombianas ahora están hablando de disminuir la cantidad de área utilizada para la ganadería en más del 20 por ciento, mientras que simultáneamente aumenta la productividad agrícola.

Lo que hemos visto es una irrupción liderada por las fincas agrícolas frente a la pérdida de biodiversidad, restaurando y vigorizando especies desde el suelo hasta la flora y la fauna e incluso restableciendo los corredores de hábitat en medio de las zonas agrícolas. Hemos notado resultados similares en otras partes de América Latina, particularmente en el estado de Chiapas en México, uno de los focos de mayor biodiversidad del mundo. 

Una de las razones por las que el potencial para lograr una escala masiva con estas técnicas es tan convincente, es que los agricultores que las implementan obtienen rendimientos relativamente rápidos de sus inversiones, demostrando ser un sólido caso de negocios que comienza con el bienestar del productor y se replica en la cadena de valor.

Con el enfoque de Sistemas Agrícolas Saludables, la agricultura y la ganadería puede convertirse de ser un problema medioambiental global a estar en la vanguardia de los esfuerzos para evitar un desastre biológico inminente, mientras los propios agricultores obtienen mayor productividad y rentabilidad. En otras palabras, no tenemos que dejar de cultivar alimentos. Simplemente necesitamos cultivarlos mejor y de una manera que cambie el curso de la ola de pérdida de especies y conduzca hacia la restauración y conservación del delicado equilibrio ecológico de la Tierra. Producir y conservar es una solución beneficiosa para todos – de hecho, es la única solución que nos queda.

Artículo originalmente publicado en el blog “Global Food for Thought” del Chicago Council on Global Affairs  http://thechicagocouncil.org/blog/global-food-thought/guest-commentary-eat-then-you-need-care-about-biodiversityand-dung-beetle