La tierra y la ecuación climática

Por Justin Adams

Al principio, era un emprendedor en tecnología limpia. Luego, me convertí en ejecutivo senior para la operación de 8 mil millones de dólares estadounidenses de BP. Mi trabajo en BP consistía en desarrollar e invertir en un paquete de tecnologías y soluciones de energía alternativa, evaluando todas las posibilidades que ayudaran a la compañía a producir energía limpia y a reducir las emisiones de carbono.

Un proyecto innovador fue el realizado en In Salah, una ciudad en el medio del Desierto del Sahara, en Algeria. Fuera de la ciudad, alrededor de una milla debajo de la tierra, BP bombeaba dióxido de carbono del desarrollo de gas natural a una formación rocosa masiva para mantener los gases de efecto invernadero fuera de la atmósfera. El proyecto constituyó una inversión pionera en la tecnología de captura y almacenamiento de carbono. En In Salah demostramos que tal tecnología podía funcionar, pero era costosa y, como lo pude ver más tarde, unidimensional.

Por contraste, también elaboré una cartera para un tipo de proyecto completamente diferente —la inversión en bosques. Una vez que el proyecto estuvo en funcionamiento por TNC en los bosques tropicales de Bolivia, cerca de Parque Nacional Noel Kempff Mercado, BP y otras dos compañías de energía, en 1996, le habían otorgado dinero a TNC para comprar derechos de tala en las tierras adyacentes al parque. En lugar de talar los bosques —el desenlace probable si TNC no intervenía— el área fue incluida en el parque, por lo cual se expandió de 1,8 millones de acres a 3,9 millones. No solo los árboles se mantendrían en pie —lo que significaría que no habría emisiones de carbono producto de la destrucción de los bosques— sino que además seguirían creciendo. Y como todo niño sabe, los árboles absorben dióxido de carbono.

Esta acción fue uno de los primeros intentos de gran escala de utilizar la naturaleza para ayudar a resolver el desafío climático. En 2005, una agencia independiente certificó que el proyecto Noel Kempff ayudaba a evitar que más de 1 millón de toneladas métricas de carbono ingresara a la atmósfera.

A diferencia del proyecto de In Salah, el proyecto forestal fue relativamente económico. Hizo, además, mucho más que simplemente absorber carbono. Las plantas y los animales prosperaron. Los residentes locales obtuvieron trabajos de guardabosques del parque y de guías para el ecoturismo. Los socios en este proyecto colaboraron incluso a que los residentes indígenas se aseguraran el título de sus tierras tradicionales.

El Proyecto Noel Kempff estuvo lejos de ser perfecto, pero explica por qué hoy estoy trabajando en el uso de la tierra para una organización conservacionista: La naturaleza ofrece tantas oportunidades para enfrentar el cambio climático, y cada una trae un sinfín de beneficios secundarios que ayudan a la gente.
La tala de bosques, las plantaciones debajo de las praderas, por ejemplo, no solo emiten carbono sino que reducen la capacidad total del planeta de almacenar carbono. Consideremos los bosques protegidos de Noel Kempff. Medidos por peso, cada árbol consiste de cerca del 50% de carbono, que se almacena en las raíces, troncos, ramas y hojas. La capacidad de almacenamiento de carbono crece a medida que el árbol crece. Si cortamos los árboles, los tejidos vivos se descomponen y el carbono almacenado se libera. Esto es malo para el clima. Pero es doblemente malo, porque esos árboles talados dejarán de absorber el dióxido de carbono de la atmósfera. Perdemos capacidad de almacenamiento neta.

Los humanos ya hemos alterado casi la mitad de la superficie terrestre de la Tierra para dar lugar a tierras de cultivo, áreas de pasteo y a la silvicultura comercial. El efecto en el clima global ha sido profundo. En 2010, el desmonte de bosques, sabanas y otros ecosistemas representaron el 12% de las emisiones de carbono globales. El uso de fertilizantes y emisiones de metano de la ganadería significaron otro 13%.  Y alrededor de un cuarto de la tierra convertida mundial —tierra utilizada para la agricultura, industria y otras— no produce tanto alimento ni almacena tanto carbono como podría.

Si estos números dan un panorama alarmante, también brindan un plan para revertir la crisis climática.

Para limitar el calentamiento global a menos de 2 grados Celsius para finales de siglo —como acordaron las naciones en el Acuerdo de París— debemos, para 2030, reducir las emisiones anuales de los 70 gigatoneladas de dióxido de carbono proyectadas a 40 gigatoneladas. Los científicos de TNC estiman que las naciones pueden lograr un tercio de la reducción requerida en la próxima década crítica protegiendo y restaurando la naturaleza y su capacidad de almacenamiento de carbono.

Esta acción requiere tres estrategias básicas: Proteger las tierras naturaleza del desarrollo donde sea apropiado. Restaurar las tierras degradadas para que puedan absorber más carbono. Implementar los métodos más productivos y sustentables sobre las tierras que están en cultivo. Implementar muchas de estas soluciones climáticas naturales, tal como las llamamos, costaría menos de 10 dólares por tonelada métrica de carbono —mucho menos que algunos de los arreglos industriales y tecnológicos que se están desarrollando en la actualidad.

"Si el mundo quiere desacelerar el cambio climático, debemos emitir menos carbono. La tecnología nos ayudará— pero la protección y la restauración de la naturaleza serán cruciales." Justin Adams

TNC persigue estrategias como estas a lo largo del planeta. Al incorporar las lecciones de Noel Kempff, hemos lanzado proyectos relacionados con el carbono y los bosques en Louisiana, California, México, Brasil, Indonesia y en otros lugares. Estos proyectos absorben carbono, crean trabajo sustentable y aseguran que las comunidades indígenas tengan voz con respecto a cómo utilizar sus tierras tradicionales.

En otros lugares, la restauración de tierras degradadas puede ayudar al clima. En las sabanas tropicales del norte de Australia, por ejemplo, la práctica de pequeños incendios en la estación seca temprana—práctica indígena— fue abandonada luego del asentamiento europeo. En la actualidad, los incendios forestales devastadores devoran la vegetación seca durante la última etapa de la época seca —incendios que producen cantidades significativas de carbono. Sin embargo, TNC ha estado trabajando con las comunidades indígenas a lo largo del norte de Australia para controlar los incendios de manera temprana, antes de que la vegetación esté demasiado seca. Las quemas irregulares y menos intensas restauran de manera segura el hábitat de pequeños mamíferos y aves, y emiten menos carbono.
En una hacienda, llamada Fish River Station, los guardabosques indígenas han reducido la extensión de la tierra carbonizada por incendios forestales desde un promedio del 36% por año a tan solo 1%. Desde 2010, el proyecto ha reducido las emisiones de carbono anuales casi a la mitad al mismo tiempo en que ayudaba a mantener la sabana saludable.

Los conservacionistas también pueden asociarse a los agricultores y guardabosques para manejar los paisajes de trabajo de forma que se reduzcan las emisiones de carbono. Los investigadores sugieren que las tierras cultivadas en el mundo solían retener mucho más carbono —quizás 50 o 70% más— de lo que almacenan hoy. La ciencia sigue evolucionando, pero algo de la capacidad de almacenamiento de carbono puede ser restaurada a través de la adopción de prácticas orientadas a la conservación, tales como cultivos de cobertura sobre campos agrícolas en barbecho.

Recientemente, pude ver esto en acción mientras visitaba el Midwest. Me uní a un grupo que visitaba a un agricultor pionero de Iowa, Tim Smith, quien trabaja con TNC y con el Servicio de Conservación de Recursos Naturales [Natural Resources Conservation Service] para demostrar lo que es posible cuando los agricultores se focalizan en la salud de la tierra. Observamos campos que habían sido tradicionalmente cultivados y mantenidos “cuadrados y vacíos” después de la cosecha como generaciones de agricultores habían aprendido. En otros campos, Smith había plantado cultivos de cobertura o cultivo de conservación, donde más residuo del cultivo se deja en el suelo. Se retiene mayor cantidad de carbono en los suelos. También absorben agua más rápidamente y retienen mejor el agua. Dichos suelos reducen la escorrentía cargada de nutrientes que emite gases de efecto invernadero y contamina ríos, lagos y océanos. Estas prácticas también pueden ser más redituables para el agricultor y, planificado correctamente, puede obtener mayor producción de la misma extensión. En última instancia, necesitaremos de los agricultores, ganaderos, ingenieros forestales y comunidades indígenas a bordo si queremos llevar soluciones climáticas naturales a escalas significativas. El movimiento conservacionista no puede conseguir la escala necesaria por sí solo.

Sin embargo, he visto con mis propios ojos cómo los acuerdos y con socios este tipo de soluciones son posibles. Hace pocos meses, visité el pueblo Dayak de Merabu en  la provincia indonesia de East Kalimantan. Tras un largo camino en canoa río arriba, conocí al jefe del pueblo, un dínamo de 28 años en chancletas y pantalones, llamado Franly Oley. Me mostró un mapa tridimensional que TNC había ayudado a elaborar, que detallaba las venas de bosque de la región entrelazadas entre pináculos kársticos, de piedra caliza. Con estos mapas, Merabu obtuvo el título legal de casi 20.000 acres de bosque en peligro por la expansión de las plantaciones de aceite de palma. Este bosque pudo haber sido destruido. En cambio, se encuentra de pie, almacenando dióxido de carbono día a día. TNC ha trabajado con socios en esfuerzos similares con más de 20 pueblos en esta parte de Indonesia y planea ayudar a 100 más en los próximos años.

La conservación de las tierras ha sido parte de la misión de TNC por algunos 65 años, durante los cuales hemos protegido cientos de millones de acres alrededor del mundo. Es emocionante darse cuenta que expandiendo nuestros esfuerzos también podemos resolver una parte sustancial del reto climático. A diferencia de cualquier generación anterior a la nuestra, nosotros tenemos herramientas científicas y económicas para analizar cómo administrar nuestros recursos de un modo más sustentable. La nuestra es una generación que realmente puede comenzar a restaurar el planeta a una escala significativa.