¿Por qué detener la urbanización no solamente es imposible, sino que sería además un error ambiental?

Por Rob Mc Donald

Nunca olvidaré la cara del hombre que se acercó a mí después de mi conferencia sobre el crecimiento urbano y su relación con el medio ambiente: serio, angustiado y, de alguna manera, enojado. “Tan solo quiero decirle que ésta ha sido la conferencia más deprimente que haya oído.”

No era la respuesta emotiva que quería o esperaba de mi audiencia. A medida que hablábamos comencé a comprender su preocupación, ya que era una inquietud que ya había escuchado en múltiples oportunidades cuando se trata el tema del crecimiento urbano masivo que está sucediendo actualmente en el planeta. Si el crecimiento demográfico urbano, que está estimado en 3 miles de millones para 2050, genera tanta presión para el medioambiente, ¿por qué simplemente no frenamos ese crecimiento?

Se trata de una simple idea engañosa, que creo que es incorrecta —o al menos que no ayuda— por varias razones. En primer lugar, no es claro que alguien pueda frenarla. Todos los países, sin excepción, han urbanizado a medida que se han desarrollado económicamente: una fracción de la población en crecimiento vive en las ciudades mientras que las economías se diversifican de la agricultura a otras industrias. Los gobiernos que han intentado frenar la urbanización han fracasado en gran medida. Ambos China y Sudáfrica, por ejemplo, han intentado limitar la migración desde las áreas rurales a las urbanas (responsable de alrededor de la mitad del crecimiento demográfico urbano) al limitar las autorizaciones emitidas que permiten la migración. Lo único que lograron fue un gran número de residentes urbanos sin permisos abiertos a la explotación económica y política.

Segundo, me pregunto si la humanidad debiera desear limitar la urbanización. La capacidad de elegir si uno desea vivir en la ciudad o en un área rural es un derecho humano, parte de la búsqueda de la felicidad. Además, existen muchos beneficios, individuales y como sociedad, de una vida urbana. Las ciudades y la creciente interacción que ella permite impulsan la innovación y la productividad económica.

Los lugares con mayor densidad de población también hacen que el suministro de servicios como energía, educación y salud sea más económico per cápita en esas ciudades. De algunas maneras, las ciudades son incluso buenas para el medioambiente, por ejemplo, los habitantes de las ciudades en los Estados Unidos utilizan menos energía per cápita que los habitantes rurales, principalmente porque conducen menos y viven en hogares más pequeños que son más económicos para calefaccionar y enfriar Estos innumerables beneficios ambientales son los que están llevando a la gente a las ciudades, y no está claro si debemos intentar detenerla. .

De hecho, evitar el crecimiento urbano podría incrementar el crecimiento demográfico total. La urbanización es parte de la “transición demográfica”, la disminución sistemática y previsible de la tasa de natalidad que ocurre a medida que las sociedades se desarrollan económicamente. Mientras una gran familia en una granja puede estar en una situación favorable desde el punto de vista económico, una gran familia en la ciudad puede estar en ruinas. Entonces, las sociedades que han tratado de limitar la migración del área rural a la urbana han mantenido, en total, tasas demográficas de natalidad más altas, debido a que las tasas de natalidad en las áreas rurales son más altas.

Aquí no se trata de negar que el crecimiento urbano implique retos y dificultades para el medioambiente, ya que claramente los tiene. Los pronósticos predicen que se desarrollará un área del tamaño del estado de Texas a lo largo de los próximos 30 años. Este crecimiento, debido a aumentos en la población y el consumo, puede tener consecuencias ambientales significativas. La comunidad medioambiental tiene que enfrentar el desafío de la urbanización masiva proponiendo una serie de soluciones pragmáticas.

Podemos comenzar por promover elecciones voluntarias de estilo de vidas que moderen el crecimiento urbano, como familias más pequeñas u hogares más pequeños cerca del centro de la ciudad. Podemos promover una planificación urbana inteligente, para que el crecimiento que ocurra evite áreas sensibles de biodiversidad. Esta planificación urbana inteligente puede ofrecer una serie de otros beneficios, como comunidades en las que se pueda caminar y recorrer en bicicleta, que reducen el uso de energía consumida por el transporte y, por lo tanto, las emisiones de gases de efecto invernadero. Podemos intentar hacer de nuestras ciudades lugares habitables y verdes, repletos de parques y árboles en las calles que mejoran la vida de las urbes en múltiples maneras. De esto se trata una respuesta sofisticada y realista al reto ambiental del crecimiento urbano.

*Dr. Robert McDonald es Científico Principal para el programa de Ciudades Globales de The Nature Conservancy. Investiga e impacto y dependencias de las ciudades en el mundo natural y ayuda a dirigir la ciencia detrás de mucho del trabajo de conservación urbana desarrollado por TNC.