Cambio Climático: la demanda de soja pone a América Latina en el ojo de la tormenta

Por Ginya Truitt Nakata, Directora de la Estrategia Tierras, Latinoamérica, The Nature Conservancy.

Si quiere experimentar el sabor que pone a Latinoamérica en el centro del debate sobre cambio climático y seguridad alimentaria, beba un vaso de leche de soja con su desayuno mañana.

Aunque la leche de soja no es parte de la dieta que acostumbramos consumir en nuestra región, su consumo es muy grande en China, país que alberga casi un quinto de la población mundial. Desde hace cientos de años la leche de soja es el desayuno básico en esta tierra donde la leche de vaca todavía no logró introducirse en la costumbre de la población. La expansión de la clase media en China ha fomentado el crecimiento de una poderosa industria que vende leche empaquetada, saborizada, y a bajo costo a un creciente mercado. También ha impulsado un aumento explosivo en el consumo de carne, principalmente porcina, transformando a China en el país donde habita casi la mitad de la población porcina del planeta, animales que son alimentados a base de soja.

El resultado: China hoy importa el 60% de la soja del mundo y se pronostica que para el final de esta década ese número se eleve a un 70% - 90%.

¿Y qué tiene que ver esto con el cambio climático? La respuesta, en una sola palabra: deforestación. La cual se realiza al convertir indiscriminadamente bosques y selvas en campos de cultivo y pastoreo. De hecho, la mitad de la deforestación del planeta ocurre en la Amazonia.

Los principales impulsores de la deforestación son la soja, que hoy día constituye la mayor exportación de América Latina a China, y la producción ganadera, la cual se está expandiendo para satisfacer la creciente demanda de carne importada en Asia. Esta demanda no disminuirá con el pasar del tiempo. Se prevé que para 2050 las importaciones de China se dupliquen.

Aquellos para quienes el cambio climático conjure imágenes de chimeneas y caños de escape deben tomar nota. En los últimos 15 años, la tala de bosques latinoamericanos fue responsable de un quinto de la emisión de gases de carbono de todo el planeta. Durante el último cuarto de siglo, Latinoamérica perdió más bosques que ninguna otra región del mundo - 97 millones de hectáreas (un área más grande que Venezuela). Y la deforestación parece no tener fin: se estima que más de 4 millones de hectáreas se talan anualmente. América Latina lidera la tasa de deforestación a escala global, con un índice tres veces mayor que cualquier otra región. Ignorar este problema nos pone en riesgo.

También es verdad que todo riesgo encierra oportunidades. En este caso, la oportunidad es convertir a Latinoamérica en una potencia agrícola, una solución ante el desafío global de seguridad alimentaria y una fuente de beneficios económicos para su población. Pero ello no implica sacrificar la naturaleza. La solución no es dejar de producir soja para el mercado chino, ni negar a los productores su medio de vida. ¿Cómo podemos lograrlo?  Transformando inteligentemente la manera en la que la agricultura se lleva a cabo en Latinoamérica y particularmente demostrando cómo los productores pueden aumentar sus cosechas, recibir mayores ganancias y a la vez preservar los ecosistemas que contribuyen a frenar el cambio climático y a mantener la productividad de sus tierras a largo plazo. Tenemos evidencias de que esto puede lograrse.

En el caso de las grandes y crecientes exportaciones de soja y carne de la región, gracias al financiamiento de la Fundación Gordon y Betty Moore, The Nature Conservancy (TNC) trabaja en asociación con gobiernos locales, asociaciones de ganaderos, National Wildlife Federation, World Wildlife Fund y empresas líderes que compran y distribuyen estos productos, para implementar producción sin deforestación. Enfocándonos en mejorar las cadenas de suministro, las leyes que rigen el uso de la tierra y prácticas productivas sostenibles, estamos trabajando con la meta de detener la deforestación para el 2021 en las regiones de Amazonía, Cerrado y Chaco en Brasil, Paraguay y Argentina.

Gracias a estas y otras medidas, y el firme compromiso del gobierno brasileño y varios actores, la tasa de deforestación de Brasil disminuyó considerablemente a partir del 2004. Aunque noticias recientes indican que ha aumentado nuevamente a un 29% s en este último año. Algo sumamente preocupante y que demuestra que aún queda mucho por hacer y en muy poco tiempo.

Aún más razón para redoblar esfuerzos, llevar a escala soluciones comprobadas y hacer de la agricultura latinoamericana una pieza central en el esfuerzo por resolver tanto la seguridad alimentaria como los desafíos del cambio climático. Nuestra experiencia nos muestra que juntos podemos lograr que la agricultura sea rentable y sostenible, al mismo tiempo que ponga freno a la desforestación y disminuya drásticamente la contribución de America Latina al cambio climático.

Podemos - debemos - romper el vínculo entre la demanda de soja y la destrucción de los bosques que son vitales para la salud del planeta y nuestro propio futuro.