África

África es especial. Sus tierras y sus aguas salvajes albergan una increíble cantidad y diversidad de especies que viven cerca de la gente. Para la mayoría de los africanos que viven en zonas rurales, la conexión con el lugar posee un significado único, ya que en este lugar más que en cualquier otra parte de la Tierra, su existencia diaria depende de la productividad de sus recursos naturales.
 

Un 60 por ciento de las tierras y aguas de África son de propiedad comunitaria —recursos compartidos que sostienen a algunas de las especies silvestres más simbólicas y a las personas más vulnerables del mundo. La mayor parte de estas especies silvestres viven o migran hacia estas tierras y aguas comunales, más allá de los límites de los parques y las reservas. La falta de control sobre las tierras y las aguas comunales de las que la gente depende para sobrevivir constituye una amenaza continua. Así como la gente lucha para sobrevivir, también lo hacen las especies silvestres que dependen de los mismos recursos.
 

En TNC, nuestro enfoque para la conservación en aquellos lugares donde trabajamos —con proyectos en Kenia, Tanzania, Zambia, Namibia, Gabón y en el Océano Índico Occidental— se centra en ayudar a las comunidades locales, los gobiernos y las organizaciones a conservar y aumentar los recursos críticos compartidos de esta región. Nuestro trabajo en África consiste, entonces, en perfeccionar y expandir los mejores ejemplos de conservación llevados a cabo por las comunidades a todas las extensas tierras y aguas del continente. Estos ejemplos brindan beneficios tangibles a la gente.
 

Todo lo que posee un buen sentido empresarial debería replicarse. Este principio es el que se aplica a nuestro trabajo en África. Basándonos en modelos exitosos y en los éxitos globales de conservación obtenidos por TNC durante 60 años, hemos lanzado proyectos de demostración en el norte de Kenia, el norte y el oeste de Tanzania, el oeste de Zambia, el norte de Namibia y el Océano Índico Occidental.
 

A través de estos proyectos, podemos proteger más de 37 millones de acres de tierra, agua dulce, y hábitats marinos mediante la construcción de instituciones locales y la enseñanza de una cultura de conservación.